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RENDIMIENTO BAJO PRESIÓN

18/07/2018· Noticias

Ha terminado el Mundial de Futbol de Rusia 2018, y de nuevo se ha puesto de manifiesto la cada vez mayor importancia que los aspectos mentales tienen en el rendimiento deportivo, en este caso en el fútbol, y para ser aún más exactos, en los “torneos cortos” en el fútbol.

Han sido numerosos los ejemplos durante el transcurso del campeonato donde aspectos muy relacionados con la psicología como “motivación”, “control de la presión” o “autoconfianza”, se han revelado como absolutamente trascendentales e influyentes en la resolución final de este mundial.

En este artículo hablaré sobre un concepto muy habitual en el lenguaje de la psicología del deporte, y que en mi opinión en no pocas ocasiones se trivializa porque existe la tendencia a pensar que los deportistas son superhombres, y que va implícita en su condición de figuras del fútbol la capacidad de gestionar la alta exigencia sin que ello influya en su rendimiento. Me refiero a la “presión competitiva”.

En mi opinión hay 2 casos en este mundial que ejemplifican de forma bastante acertada lo difícil que es para un deportista alcanzar un rendimiento óptimo en condiciones de “alta presión” externa, que serían Argentina y Brasil. Aunque cada uno tiene sus particularidades, parece obvio que ambos países a nivel social comparten una afición por el fútbol, y concretamente por el mundial, que excede los límites de lo puramente deportivo.

La selección brasileña acudió al torneo con la traumática eliminación del anterior mundial en su país (7-1 ante Alemania) sobrevolando el ambiente. Esto significa que a la presión ya de base que tiene siempre esta selección por ser la más laureada de la historia de los mundiales, en esta ocasión tenía que sumarle la “necesidad” de la torcida brasileña de resarcirse de lo que consideraban una humillación en su propia casa, ante la otra gran selección de la historia del fútbol. Además el jugador referencia del equipo, Neymar Jr. se había perdido aquel partido por lesión, por lo que se esperaba de él que fuera el líder que no pudo ser en aquel momento.

Cuando uno vive una situación traumática y experimenta todas las emociones negativas que ello conlleva (la eliminación de Brasil del mundial 2014 fue traumática dada la repercusión social que tuvo), es inevitable el miedo a volver a revivir todas esas emociones cuando una situación nos recuerda a la que en primera instancia originó el trauma. El miedo al fracaso es algo innato en el ser humano, nos anticipa y nos previene de las posibles consecuencias negativas que pueden suceder a una situación amenazante. Lo que ocurre es que en ámbito del deporte el miedo es enemigo del rendimiento.

El seleccionador diseñó una concentración en un entorno tranquilo, muy parecido por sus condiciones geográficas y de climatología a Brasil, donde los jugadores pudieran abstraerse de la presión mediática al máximo posible con sus familiares cerca de ellos. Dentro del equipo técnico que acompañaba a los jugadores no había psicólogo. No hubo por tanto preparación mental específica ni se entrenó a los jugadores a controlar sus emociones en los momentos de dificultades con los que se pudieran encontrar.

En este contexto no es difícil figurarse lo que pasaba por la cabeza de los deportistas brasileños cuando perdían 2-0 al descanso contra Bélgica en los cuartos de final. Se volvieron a ver en las caras de algunos de los jugadores que estuvieron presentes en aquel fatídico 7-1 contra Alemania. Las mismas expresiones. Miradas perdidas. El lenguaje corporal no engañaba. Los jugadores estaban dirigiendo sus pensamientos a lo que pasó hace 4 años, la reacción de la gente, la decepción y las críticas. La autoconfianza a nivel grupal desciende y la toma de decisiones se resiente. En definitiva se produce desconcentración ya que el foco se desvía de la tarea principal del deportista hacia una serie de pensamientos negativos que en nada ayudarán al rendimiento, sino todo lo contrario.

Los técnicos de la selección de Brasil debieron prever que para un grupo de deportistas que iban a tener que soportar esos niveles de presión, no sería suficiente con trabajar los aspectos tácticos, técnicos y físicos. En un torneo de estas características, donde el nivel de competitividad es tan alto, es de vital importancia anticiparse a las posibles dificultades que pudieran surgir, y ello incluye el factor mental. Es muy posible que si los jugadores hubieran aprendido técnicas para gestionar sus emociones, redirigir su foco atencional modificando sus pensamientos o regular su nivel de activación, hubieran podido maximizar su rendimiento a nivel táctico, técnico y físico.

El caso de Argentina es similar en cuanto a la presión del entorno. Sin embargo lo que me parece más significativo de analizar desde el punto de vista de la psicología del deporte es el rendimiento del capitán y líder del equipo: Lionel Messi.

Durante toda su carrera deportiva, Messi ha vivido con su selección una comparación permanente con una leyenda argentina como Maradona. Se esperaba ya de Messi cuando apenas tenía 18 años que hiciera lo mismo que hizo Maradona: ganar el mundial. En el imaginario colectivo argentino existe la idea de que el Mundial del 1986 lo ganó Maradona sólo, lo cual es por definición falso ya que además de que evidentemente en el futbol juegan 11 jugadores en cada equipo, existen innumerables variables que influyen en el resultado final de 1 solo partido y aún más de 1 campeonato.

La selección Argentina llegó a este torneo después de alcanzar 3 finales consecutivas y perder las 3: la del mundial del 2014 en la que pierden en la prórroga ante Alemania por 1-0, y 2 finales de Copa América (2015 y 2016) ante Chile las cuales pierden por penaltis, en la última de las cuales Messi falla el primer penalti de la tanda.

Con esta pesada mochila acude el capitán del equipo y sus compañeros al mundial. Cualquiera que haya visto a Messi jugar en el Barcelona sabe que el jugador que se ve en la selección es otro deportista. Es raro ver a Messi sonreír con la selección. Juega absolutamente presionado por una mochila que de tanto peso que tiene, le quita permanentemente esas décimas de segundo que siempre le hacen marcar la diferencia. Los compañeros no lo siguen y él se encuentra constantemente tomando malas decisiones. Su atención no está en la tarea si no en el resultado. Su imagen tocándose la frente durante el himno de Argentina es tremendamente impactante. Escucha el himno y no siente orgullo, sino presión. Messi siente que su deber es ganar el Mundial. Para la mayoría de deportistas basta con dar el 100%, pero Messi tiene que ganar él solo. Igual que lo hizo Maradona en el 86.

No hubo en la concentración argentina nadie que se ocupara de preparar a los deportistas a nivel mental. La mejor manera de trabajar en psicología del deporte es la prevención, y cuanto antes empieces a anticipar las posibles situaciones adversas, antes podrás comenzar a resolverlas. Si bien es tremendamente complicado y exige una gran fortaleza mental cargar con el peso de todo un país sobre tus hombros, da la sensación de que nadie se preocupó demasiado de ayudar a Messi a gestionar esta carga, sino que más bien se confió en que él solo lo resolviera como acostumbra a hacer en su club, donde como hemos dicho su situación es radicalmente opuesta.

El ejemplo de Messi es muy significativo para entender la diferencia de rendimiento del mismo deportista entre un entorno que te exige el éxito con un enorme nivel de presión, y otro donde las condiciones son de confianza absoluta, que es lo que vive en Barcelona. En un sitio puede fallar, en el otro está prohibido fallar.

Existen aspectos del fútbol que han avanzado mucho en los últimos años. A nivel táctico y estratégico todo está mucho más estudiado y la facilidad de acceso a tanta información permite que cualquier rival pueda analizar el juego de su oponente y plantear variantes que dificulten su planteamiento. También a nivel técnico ha habido grandes avances ya que cada día hay más niños en más lugares del mundo jugando a fútbol desde muy pequeños, y en muchas ocasiones en escuelas que les ayudan a desarrollar su juego. Es evidente que a nivel físico la preparación de los deportistas en general, y el fútbol no es una excepción, también se ha beneficiado de grandes avances en el conocimiento del rendimiento físico, ciclos de entrenamiento, recuperación de lesiones, etc...

En este contexto es evidente que cada día cobra más importancia tener una correcta preparación mental para afrontar la competición, ya que las fuerzas se han igualado mucho en los demás factores que intervienen en el deporte.

Es imposible saber qué hubiera pasado con las selecciones brasileña o argentina si hubieran contado con un equipo de psicólogos del deporte en sus staffs técnicos. Pero está claro que en el fútbol actual es muy difícil competir al 100% si no estás preparado mentalmente para soportar la presión y la alta exigencia.

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